Nuestro niños especiales

Nuestro niños especiales

Por: Mónica Muñoz, Educadora.

Muchas veces pensamos como padres, profesor(a) o educador(a) “mí niño o niña es especial” y es verdad. Cada uno de nuestros niños son especiales en carácter, actitud, trabajo, sensibilidad en fin. Pero hoy quiero hablarles de esos niños que sí son especiales y distintos al resto, pero que no deben ser o hacerlos sentir un problema con el que nadie quiere cargar. Niños que por lo general toman remedios que les ayuda a controlar su distracción o la hiper-actividad, pero aún así parecen tener más energía que ninguno y de alguna manera terminan agotándonos más de lo normal.

El libro de Proverbios 29:15 (Versión Internacional Paralela) dice:
“La vara de la disciplina imparte sabiduría…”

La palabra literal de vara es corrección, vale decir, algo que no se dobla o inclina, recto, que se mantiene en una sólo posición.
Pues bien, muchas veces tenemos niños o niñas en nuestras iglesias o escuelas que nadie sabe controlarlos y es por el sólo hecho que no hubo una buena vara que se mantuviera firme, pero con amor.

Fíjate si has escuchado o tú mismo has dicho las siguientes frases a un niño que no puedes controlar:
“¡Mira lo que hiciste!”, “¿Por qué le pegaste a tu compañero o amigo?”, “Siempre te portal mal”, etc.

Todos los niños están en proceso de formación, donde su cerebro, sus sentimientos y sus cuerpos van sufriendo transformaciones. De igual forma, sus modales y su comportamiento está en proceso de formación y debemos recordar que somos nosotros los padres y educadores los que estamos para guiarlos y ayudarles. Con mayor razón debemos tener esto presente con niños que biológicamente tienen impulsos más fuertes de lo normal, que casi todo el tiempo actúan sin darse cuenta de lo que han hecho; actuando antes de pensar.

Entonces ¿cómo los ayudamos?

Podemos cambiar nuestra forma de comunicarnos con ellos, observa la siguiente frase:
“Mira Juan, ¿te fijaste lo que hiciste?, corriste la silla y tu compañero se cayó, ¿qué pasaría si eso te sucediera a ti?”

Si te das cuenta, antes de retarlo lo primero que hacemos es mostrarle lo que ha hecho, lo hacemos pensar: “corriste la silla y tu compañero se cayó”.
Y luego le enseñamos a empatizar con el resto y hacerlo consciente de sus actos: “¿qué pasaría si eso te sucediera a ti?”

Ahí aparece la vara, ellos necesitan una estructura firme. Debemos mostrarles el problema y no hacerles sentir que ellos son el problema. Pero debe ser algo constante y no cansarse. Seguramente lo harán muchas veces, pero ánimo, lo podrán lograr.

PALABRAS QUE DEBEMOS QUITAR DE NUESTRO VOCABULARIO:

“Tú siempre o jamás cambiarás”, “Eres un bueno para nada”, “Si sigues así nadie te va a querer”.

PALABRAS QUE DEBEMOS APRENDER A DECIR:

“Eres muy bueno en tal actividad”, “Estoy seguro que eres un(a) niño(a) de bien”, “Eres importante y te queremos”.

Aprendamos a reforzar cada cosa buena que ellos hacen e incluirlos poco a poco en actividades masivas, dándoles confianza y seguridad. Un niño que se siente seguro y amado, estará más receptivo y dispuesto a ser enseñado y a respetar a los demás.

Cuéntanos si has trabajado con niños especiales y cuál ha sido tu experiencia.

— Caro Moena

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